El día amaneció espléndido, un sol radiante, pero fresco. Preparamos el mate y marchamos hacía la Bahia del Tunel a tomar el catamarán que nos llevaría por el Lago Viedma a conocer el glaciar. llegamos temprano, Sara se fue a recorrer la orilla del lago para buscar piedras, ramas o lo que sea para su colección. Celia preparó el mate y nos instalamos frente al lago a matear, nos habían dado mal el horario.
Llegó la hora para abordar la nave, mucha gente y muchos extranjeros, pero la mayoría se embarcaba en la otra nave ya que iba a realizar la travesía por el glaciar.
Mientras navegábamos, conocí un matrimonio español, de Alicante, radicados en Inglaterra, apasionados por nuestro sur, a tal punto que querían comprar un terreno en el Chalten.
También conocimos a Matias, un joven santacruceño hijo de un dirigente de la CTA, muy simpático .
a medida que nos acercábamos al glaciar, subimos a la parte superior del barco, un viento terrible, pero la belleza y la imponencia del glaciar, bien valía la pena el sacrificio.
La atención del guía, Nicolás, del capitán y auxiliares, excelente, el catamarán estaba muy bien equipado. Finalizado el viaje y ya de regreso a la Villa, salimos a caminar, las chica subieron hasta el hotel de la familia presidencial mientras me iba por otros caminos.
Volvimos a la cabaña y nos sentamos en la mesa comunitaria del patio a jugar al burako y matear.
Atrás nuestro estaba el cerro con una ladera escarpada y muy vertical, por la que ascendían dos personas. A pesar del temor que nos daba no dejábamos de admirar lo que hacían.
Federico, el propietario de las cabañas, nos comentó que cruzando el puentecito y a 600 metros, hay una casa, que fue del primer poblador y que hay interés en convertirla en museo. Allá partimos, una linda caminata, llegamos y nos encontramos con carteles que anunciaban "propiedad privada, no pasar", no ajustándonos a las "no reglas" avanzamos, hasta que una horda de perros nos sacó corriendo. Hermosa caminata, mal final, no pudimos conocer la casa del poblador.
Regresamos, preparamos la cena y empezamos a organizar los bolsos para partir.
Esos días fuimos averiguando el estado de la Ruta 40, para llegar a Los Antiguos, pero había total coincidencia en que no era recomendable, mucho tramo de ripio en mal estado, asique decidimos bajar a la costa y hacer otro camino.
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